El Colectivo de Ciudadanos Universitarios (CUCI, por sus siglas en francés), organizó la pasada semana en su local una conferencia con el tema â??Crisis haitiano-dominicana, medios de comunicación y educación cívicaâ?? con la participación de periodistas y analistas políticos.
Al analizar el discurso dominante en los medios de comunicación, el equipo del CUCI, coordinado por el profesor Hérold Toussaint, constató una lógica de confrontación, un espíritu de venganza y el resurgimiento del sentimiento antihaitiano en la República Dominicana y antidominicano en Haití. Además, la expulsión de un creciente número de haitianos sin previa verificación de su estatus migratorio, la profanación de las banderas haitiana y dominicana, el llamamiento a boicotear el turismo dominicano y la ruptura de las relaciones comerciales.
¿Cómo evitar una crisis humanitaria en la isla? ¿Cómo abordar hoy la crisis haitiano-dominicana?
A raíz de la masacre de haitianos en 1937 en la República Dominicana, Jean PriceÂMars planteó una pregunta fundamental: ¿cuál fue la reacción haitiana frente a la brutalidad de estos trágicos acontecimientos, no la reacción de la opinión pública, que llegó al paroxismo de la animosidad y la indignación, sino la del gobierno haitiano, guardián responsable del honor y la dignidad de la nación?
Ochenta y ocho años después, tenemos un deber de memoria y de conmemoración. Los testigos del pasado tienen el deber de transmitir la memoria. Debemos recordar para no repetir los mismos errores del pasado. La memoria permite extraer lecciones del pasado para comprender mejor el presente y pensar el porvenir. ¿No tenemos acaso el derecho de ser fieles a la memoria, a la verdad y al pasado?
Por otra parte, será sin duda necesario y siglo y medio para disipar las discriminaciones, los prejuicios y los estereotipos entre los haitianos y dominicanos, señaló Hérold Toussaint, profesor de Sociología de los Medias y la Comunicación. ¿Qué esperamos para poner en pie un verdadero programa de educación en la solidaridad entre los dos pueblos? La solidaridad entre los habitantes de la isla es imperiosa. Debemos inaugurar una semana de fraternidad y de solidaridad entre ambos pueblos. La solidaridad es una condición práctica para la supervivencia de las dos repúblicas. Sería interesante, por ejemplo, crear una universidad dominico-haitiana dirigida por expertos de ambos países. Un servicio nacional de solidaridad con los campesinos haitianos financiado por los sectores público y privado es fundamental.
El respeto mutuo es la base de un pacto fuera del cual la comunidad internacional pierde su verdadero sentido, repitió el coordinador de CUCI. Es necesario cultivar la dedicación al servicio de la comunidad y la preocupación por el bien común.
Debemos aprender a vivir con los otros, a cooperar entre nosotros mismos desde el maternal. Para lograrlo, debemos ser conscientes de que somos ciudadanos libres y responsables que tienen derechos y deberes. Es urgente humanizar la isla. Es necesario, de modo racional, enseñar y aprender la historia de los dos pueblos en Haití y la República Dominicana. Los dos pueblos están obligados a vivir juntos.
A fin de cuentas, ¿no prevalece el antihaitianismo en Haití? La élite y la clase política nada han hecho para responder a las necesidades primarias de las capas más desfavorecidas del país. Han rechazado siempre tomar medidas que permitan a los haitianos permanecer en Haití. ¿No deberían crearse las condiciones sociales, económicas y políticas que permitan a nuestros ciudadanos tener una vida decente en su propio país? ¿Cómo pasar de una cultura de la improvisación a una cultura de la anticipación?
Ricarson Dorce, licenciado en Psicología, máster en Historia, memoria y patrimonio y doctor en Comunicación pública


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