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viernes, 10 de abril de 2015

"San Perón", biografía de un dictador


San Perón hasta en la sopa. Breve fragmento de mi flamante libro â??Perón, el fetiche de las masasâ??

"San Perón", biografía de un dictador

Por Nicolás Márquez

A la par que se iban cerrando uno a uno los medios opositores, la dictadura de Perón iba edificando en su favor un aparato gráfico de propaganda estatal gigantesco llamado ALEA SA., cuya propietaria insólitamente era Eva Perón (que nunca había tenido un centavo), dato que confirmaba la ilegalidad y el desmanejo de los polémicos fondos de su Fundación (para la cual supuestamente su mentora trabajaba ad honorem). El diario peronista por antonomasia del multimedios de Eva era Democracia, al que se sumaron no sólo las publicaciones del citado grupo ALEA SA. sino que a la vez se compraron los diarios Crítica, La Razón, Noticias Gráficas y La Ã?poca. El antiguo Diputado Peronista Eduardo Colom cuenta que â??ALEA es el pulpo que se apodera de todos los diarios de la Capital Federal, con excepción de La Prensa, que, como se resistía a someterse al gobierno, hubo que expropiarla. La Nación no se expropia ni se la compra, porque La Nación se entrega: solícitamente hace lo que el Gobierno ordena; Clarín no lo tomó Perón, porque Roberto Noble jugaba a las cartas con Perón. Pero todos los demás diarios: La Razón, Noticias Gráficas, Democracia, La Ã?poca, El Mundo, a la larga y a la corta pasaron a poder de ALEAâ??[1].

La dictadura compró también por medio de testaferros la Editorial Haynes (que editaba el diario El Mundo, El Hogar, Selecta y Mundo Argentino) de la cual comenzaron a editarse revistas oficialistas con fondos públicos tales como Mundo Infantil, Mundo Radial y Mundo Agrario. Al final de su régimen, Perón había montado con plata ajena y para su propia gloria y alabanza un imperio periodístico conformado (además de por la totalidad de las emisoras radiales) por 13 editoriales, 17 diarios nacionales, 10 revistas y 4 agencias informativas que gozaban de ingente pauta oficial: â??Hemos purificado nuestra prensa. Ella ha sido, en este sentido, el objeto de un extraordinario perfeccionamientoâ??[2] declaró un orgulloso Juan Perón el 13 de octubre de 1949.

Se vivía en un clima de monotonía intelectual y bajo vuelo cultural, chatura destinada a gente con poca o ninguna inquietud que no fuera más allá del entretenimiento trivial al que siempre el régimen anexaba la reglamentaria lisonja al matrimonio detentador del poder central. Para dirigir o actuar en las películas cinematográficas había que ser peronista, o por lo menos fingir que se lo era. Las figuras protagonistas de entonces estaban vinculadas a organizaciones del régimen[3] y como bien señala Félix Luna, las películas no eran más que â??tilinguerías para un público acostumbrado por el cine norteamericano a comedias ñoñas, o penosas reelaboraciones de novelas y cuentos de escritores universales, al uso nostroâ??[4]. Y si la película a proyectar no tenía ninguna connotación oficialista, se procuraba que en los intervalos del cine la propaganda del régimen se transmitiera rigurosamente a través del caricaturesco noticiario â??Sucesos Argentinosâ??.

En la Argentina peronista sólo tenían trabajo o figuración periodística, teatral o académica los obsecuentes, generalmente mediocres cuyo mérito mayor era el servilismo y la sumisión. Este mecanismo mantenido en el tiempo fue envileciendo las ciencias, los libros, el cine, las novelas, los programas de radio y las crónicas. Ninguna actividad escapaba a la â??doctrina nacionalâ?? y se llegó a extremos tales como el caso del ingeniero Ramón Asís, vicegobernador de Córdoba y profesor universitario, autor del desopilante libro â??Hacia una arquitectura simbólica justicialistaâ??. La ciencia tampoco se vio librada de la politización oficial y el sucesor de la cátedra de Fisiología de la Facultad de Medicina del exonerado Premio Nobel Bernardo Houssay, cambió el nombre de la materia por el de â??Fisiología Peronistaâ??[5].

La vulgarización de las costumbres, el embrutecimiento generalizado y el desincentivo de la excelencia fueron otras de las tristes notas distintivas del largo régimen de Perón. En las calles se embestía con un hostigamiento visual conformado a base de bustos, estatuas, carteles, nombres de plazas, ciudades y calles que pasaron a llamarse Juan Perón o Eva Perón y se empapeló el país con afiches que a modo de pseudo religión rezaban el versículo â??Perón Cumple, Evita Dignificaâ??. Llegó un momento en el cual no había dependencia u oficina pública que no tuviese una imagen de alguno de los integrantes de la pareja presidencial en exhibición. Los comercios, cualquiera fuere su rubro, debían tener una foto de Eva o del dictador de manera virtualmente obligatoria, caso contrario, eran pasibles de recurrentes inspecciones impositivas o administrativas que acababan clausurando el local: â??el culto a la personalidad es realmente indispensable en las etapas revolucionariasâ??[6] se justificaba Perón.

Se vivía francamente en el absurdo. La ciudad de La Plata fue rebautizada con el nombre â??Eva Perónâ??. La estación de trenes de Retiro pasó a llamarse â??Presidente Perónâ??. Las Provincias de Chaco y La Pampa a partir de enero de 1952 cambiaron su nombre por â??Presidente Perónâ?? y â??Eva Perónâ?? respectivamente. La ciudad de Quilmes también pasó a llamarse Eva Perón al igual que un sinfín de calles, colegios y plazas de todo tipo y tenor. Respecto a la monotonía en cuanto a los nombres de calles y avenidas se provocó un serio problema en el correo central, porque debido a la gran cantidad de lugares con la misma denominación se complicaba en mucho la clasificación de cartas y encomiendas, lo que determinó que el remitente se viera obligado a agregar entre paréntesis el nombre anterior de la calle o la dirección rebautizada a fin de evitar que su correspondencia fuera a un destino equivocado.

El gobernador de la Provincia de Buenos Aires (a la sazón Carlos Aloé) dispuso que todos los cuerpos celestes descubiertos en el observatorio de Eva Perón (así se denominaba la ciudad de La Plata) fuesen â??consagrados a Eva Perón e identificados con nombres que exalten sus virtudesâ??[7]. Y así se determinó que tres nuevos astros fueran denominados â??Abanderadaâ??, â??Mártirâ?? y â??Descamisadaâ??. El Congreso sancionó la ley 14.036 imponiéndole al mes de octubre la condición de â??mes del Justicialismoâ??[8]. El â??Escudo Peronistaâ?? reemplazó progresivamente al Escudo Nacional, y la diferencia estética entre uno y otro era que el escudo de Perón tenía las manos estrechadas en sentido diagonal y no horizontal, representando una relación de subordinación entre la masa y el caudillo. La â??Casa Guzmánâ??, dedicada a fabricar trofeos y distintivos, fue contratada por el Estado para fabricar 16 mil â??escuditosâ?? por día[9], los cuales se repartían en las solapas de los colegios primarios y secundarios. Además se anexaban a las medallas y trofeos deportivos de los â??Campeonatos Evitaâ??, cuadrantes de relojes, pañuelos y todo tipo de utensilios donde pudiese estamparse la propaganda partidaria de la dictadura: â??hoy es un día peronistaâ??[10] debía decir de manera exultante el locutor radial Luis Elías Sojit cada vez que amanecía soleado.

La saturación idolátrica era tan agobiante, que los groseros gestos de obsecuencia de los funcionarios peronistas ya no llamaban la atención: â??En el gobierno argentino no hay nadie, ni gobernadores, ni diputados, ni jueces, ni nadie: hay un solo gobierno que es Perónâ?? arengaba el gobernador bonaerense Carlos Aloé[11] agregando â??Ningún peronista entra a analizar las situaciones. Basta que el General Perón quiera una cosa para que todos estemos dispuestos a cumplirla de inmediatoâ??[12]. El sirviente Héctor Cámpora no se quedaba atrás y en su condición de Presidente de la Cámara de Diputados era el encargado de tomar juramento a los Diputados que asumían y para tal fin fabricó la siguiente fórmula juramental: â??¿Juráis ser leales al Libertador de la República General Juan Perón y a la Jefa Espiritual de la Nación Eva Perón, a su doctrina y a su movimiento?â??[13]. La Diputada Delia Parodi enseñaba que â??Nuestro Dios en la Tierra es Perónâ??[14], en tanto que el Diputado Virgilio Filippo redactaba un â??Ave María de María Evaâ??[15], a fin de ser rezado en las unidades básicas. El Ministro Mendé, por su parte, inventó un establecimiento educativo llamado Escuela Superior Peronista, creado según él â??para enseñar a amar a Perónâ?? dado que â??seremos mejores todavía si tenemos el pensamiento puesto en Perón. Cada noche al acostarnos debiéramos examinarnos: ¿He imitado yo en este día a Perón? (â?¦) Porque Perón no se equivoca ni puede equivocarse jamás (â?¦) Porque los genios y los grandes hombres, sin salvarse uno solo, todos han padecido errores y defectos. Todos menos Perónâ??[16]. Y fue en esa misma â??Escuela Superiorâ?? en la cual Eva brindó â??clases de doctrina peronistaâ?? enseñándole a las militantes de la rama femenina del partido lo siguiente: â??Siento que Perón es incomparable, Perón es dios para nosotros, y lo digo con todas las palabras que tengo y con todas las palabras que se, y cuando se me acaba la voz y las palabras lo digo de cualquier manera (â?¦) las mujeres somos pasionistas mi General, las mujeres somos fanáticas mi General, y el Partido Peronista, lo confieso honradamente, es fanático, y al ser fanático, demuestra que ha abrazado una gran causa, únicamente las grandes causas tienen fanáticos sino no habría ni santos ni héroes, y nosotras somos fanáticas de Perón (â?¦) como no estamos contra nadie, tenemos un enemigo: los antiperonistas. Esos son nuestros enemigos: seremos leales hasta el fin, cueste lo que cueste y caiga quien caigaâ??[17].

Estas adulaciones patológicas se irán intensificando con el tiempo hasta adquirir delirios místicos: â??yo no concibo el cielo sin Perónâ??[18] sentenció Eva en su testamento político e incluso sus loadores no tardarán en colocar a Perón por encima de Jesucristo en discursos oficiales (tal como lo veremos in extenso en capítulos posteriores): â??Cristo se conformó con proponer al mundo el cristianismo, Perón le sacó ventaja. Realizó el cristianismo. ¡Nada de contentarse con sermoncitos! Cristo, palabras. Perón, hechos (â?¦) Por eso Perón es el rostro de Dios rutilando en la oscuridad de las tinieblas de esta hora (â?¦) ¿Qué somos nosotros al lado de Perón? Menos que nada. Sólo Perón tiene luz propia. Todos los demás nos alimentamos de su luzâ??[19] sentenciaba el Ministro Raúl Mendé, panegírico que le valió a su autor el siguiente elogio por parte de su ponderado jefe: â??Mendé es uno de nuestros mejores comentaristas de la doctrina peronistaâ??[20].

En cuanto a los destinatarios de tamañas ofrendas (el dictador en primer lugar y su esposa en segundo término), desde el punto de vista psiquiátrico no son pocos los facultativos que sostienen que sólo personalidades irremediablemente enfermas de vanidad y egocentrismo podrían apañar y/o promover tanta idolatría para sí mismo sin sentir una mínima cuota de vergüenza. Muchos años después (en 1973) Perón se refirió a este cuestionado asunto del culto a la personalidad y respondió â??¿Qué puede tener eso de malo, si yo no me lo creo? Acaso, ¿no es normal que la persona que brinda tanto bien sea casi endiosada por sus beneficiarios?â??[21].

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